Hay una versión de la empatía que es emocional — te pones en el lugar de alguien y sientes lo que podría sentir. Tiene su sitio. Pero en el trabajo de diseño, especialmente dentro de grandes organizaciones, lo que resulta más útil es un tipo más frío y deliberado: la capacidad de mapear cómo otra persona entiende la situación, qué está optimizando, qué le preocupa y qué necesita que sea verdad para poder avanzar.
A esto lo llamo empatía posicional. No se trata de compasión — se trata de precisión. Y resulta ser una de las habilidades más útiles en la práctica del diseño empresarial, porque la mayoría de los problemas difíciles en estos entornos no son visuales ni técnicos. Son políticos y cognitivos. Las personas no están alineadas. No comparten el mismo modelo mental del problema. Tienen incentivos que no son visibles en el briefing.
Si puedes mapear ese paisaje con precisión — sin perder tu propia perspectiva — puedes encontrar el camino a través de él. No ganando el argumento, sino entendiendo el terreno lo suficientemente bien como para dejar de discutir sobre las cosas equivocadas.